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El impacto
ambiental del Cuarto Cinturón
En primer lugar, la
construcción del Cuarto Cinturón (con las diferentes
salidas y conexiones) significaría la pérdida
irreversible, por ocupación o fragmentación, de la
mayor parte de los espacios agrícolas y forestales de
nuestras comarcas, al mismo tiempo que prepararía el
terreno para que la especulación acabase por destrozar
unos paisajes forjados por siglos de historia. Además,
en un estudio preliminar encargado por el mismo MOPTMA se
destaca que la construcción del Cuarto Cinturón:

- Afectaría
directamente la integridad de tres parques
naturales ( Montnegre y el Corredor, el Montseny,
y Sant Llorenç del Munt y la Serra de l'Obac).
- Formaría
barrera para las migraciones de la fauna y
fomentaría, por lo tanto, la desaparición de
especies amenazadas.
- Modificaría
los caudales de los ríos.
- Aumentaría
notablemente la contaminación atmosférica por
gases y partículas, así como la de las aguas
subterráneas.
- Aumentaría
los niveles de ruido a lo largo de su recorrido,
y
- Destrozaría
zonas con importantes yacimientos arqueológicos.
Para comprender mejor el
impacto destructivo del Cuarto Cinturón es conveniente
conocer las dimensiones aproximadas de lo que estamos
hablando. Sólo un 25% del Vallès está cubierto de
vegetación espontánea, un 25% está ocupado por suelo
urbano y el 50% restante es suelo agrícola. En el
Vallès Occidental la superficie de bosque está
constituida por pocas extensiones grandes y compactas,
que en total son unos 80 Km2; mientras que en la planicie
del Vallès Oriental, el bosque, formado por múltiples
enclaves, tiene unos 40 Km2 .
En el Vallès Occidental el
suelo urbano está próximo a cerrar el círculo formado
por los municipios de
Cerdanyola-Barberà-Sabadell-Terrassa-Les
Fonts-Rubí-Sant Cugat-Cerdanyola, entre los cuales se
sitúan industrias o urbanizaciones que tienden a unirlos
(Ripollet-Montcada-Polinyà; Rubí-Ullastrell; Sant
Cugat-La Floresta; Sant Cugat-Cerdanyola;
Castellar-Sabadell; Terrassa-Rubí; Terrassa-Sant
Lluís-Viladecavalls). En su interior se conserva
una gran masa de bosque, invadida y obviamente amenazada.
La construcción del Cuarto Cinturón promovería el
enlace Matadepera-Terrassa-Abrera-Esparraguera. Este
enlace supone una amenaza para la Sierra de l'Obac-La
Puda-peu de Montserrat. En segundo lugar, promovería el
enlace que desde Castellar llegaría hasta Sentmenat,
Caldes, l'Atmella, La Garriga, etc... hasta el pie de la
Serralada Prelitoral.
En resumidas
cuentas, el impacto previsible predominante en el Vallès
Occidental sería la fragmentación y substitución del
bosque para formar un núcleo continuo
urbano-industrial-residencial, que se prolongaría por
una parte del Vallès Oriental, mientras
que para el resto sería el fin de una etapa agrícola y
el inicio de una nueva residencial-industrial. En la
vertiente de la Sierra prelitoral el impacto sería el
empobrecimiento y la degradación ecológica de las
comunidades naturales que presenta.
Pero el impacto del
Cuarto Cinturón iría más allá de la pérdida
irreversible de unos espacios naturales quizá únicos en
la cuenca mediterránea. No podemos, tampoco, olvidar las
funciones educativas y lúdicas que estos espacios
realizan. El Cuarto Cinturón, ¿servirá quizás para ir
a buscar los espacios abiertos que todos necesitamos en
parajes ajenos y lejanos?
El impacto
socioeconómico del Cuarto Cinturón
Desde el punto de vista
socioeconómico, el impacto del Cuarto Cinturón sería
especialmente duro en determinados lugares de su
recorrido, como el barrio de Can Trias de Viladecavalls
(donde pasaría por dentro del núcleo habitado), Abrera
y Sant Celoni (donde al impacto del Cuarto Cinturón se
le añade el de otras grandes infraestructuras
construidas o a punto de construirse, como la N-II, la
A-7, la autovía del Baix Llobregat o el tren de alta
velocidad).
Pero, en general, el modelo
que se impondría con la ejecución de este proyecto
configuraría la desestructuración de las ciudades y
pueblos del Vallès y del Baix Llobregat, en un proceso
urbanístico de creación de suburbios hasta constituir
un continuo urbano, gran suburbio de Barcelona. Al sur
del Vallès, resiguiendo la A-7, podemos ver una pequeña
muestra del futuro que nos ocultan: una masa casi
continua de urbanizaciones, polígonos industriales,
grandes centros comerciales... Esto supondría
inevitablemente la extinción de la población
agricultora de la zona y un grave impacto sobre la
identidad y la vida social, cultural y económica
(especialmente sobre el ya castigado pequeño comercio)
de nuestras poblaciones.
El Cuarto Cinturón por
tanto trasciende, por lo que al impacto se refiere, a la
conservación de los sistemas naturales, ya que
afectaría el estilo de sociedad actual. La gran
conurbación vendría silenciosamente y entonces surgirá
el problema de cómo regular la ocupación
industrial-residencial-urbana, es decir, cómo controlar
la complejidad y cómo gestionarla. Tan solo viendo qué
ha sucedido en Londres o París sabremos qué nos
aguarda: la construcción de vías rápidas, la
aparición de centros comerciales, almacenes, oficinas,
cines y otros entretenimientos a las conexiones entre
autopistas. Todo ello acarrea tal complejidad que resulta
evidente -incluso para un político- la necesidad de
tomar medidas para proteger el medio ambiente, preservar
el medio rural, potenciar el transporte público y
ahorrar energía. En Gran Bretaña, en diez años, se han
perdido 300.000 empleos en el pequeño comercio y otros
negocios del centro de los núcleos urbanos próximos a
las nuevas grandes superfícies, imponiendo marginación
a pobres y gente mayor sin medio de transporte, y
provocando un aumento de consumo de energía al
incrementarse los desplazamientos en coche. La
Administración Major ha decidido recuperar el modelo
europeo de ciudad ante el deterioro de la vida de las
ciudades inglesas y adoptar, al igual que algunas
ciudades americanas, medidas parecidas a las tomadas en
Francia por el gobierno Balladur: rehabilitar el centro
urbano, fomentar el transporte público... humanizar las
ciudades. La Administración se ahorra gastos en obras
públicas y consumo energético, mientras que el
ciudadano lo hace en impuestos.
Pero por otro lado,
es posible que la disponibilidad fácil y barata de suelo
para edificar viniese en nuestro caso acompañada de un
cierto impulso económico en sectores como la
construcción, la industria... Pero tampoco hay que
olvidar que estos episodios de bonanza económica son
efímeros y tan solo duran el tiempo que se tarda en
urbanizar de manera irreversible el terreno disponible.
Porque... ¿qué haremos después?
Aprenderemos algún día que no se pueden
quemar los vagones del tren para alimentar la locomotora?
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