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ORDENACIÓN TERRITORIAL Y
TRANSFORMACIÓN DEL ESPACIO
 


Un poco de historia del crecimiento de la Región Metropolitana de Barcelona.

La estructuración del territorio está condicionada por el medio de locomoción imperante. Por ejemplo, el ferrocarril, un medio de locomoción con origen y destino fijados por la propia limitación de la red, es creador de nodos. Por contra, el automóvil con su capacidad autónoma, de flexibilidad temporal, adaptada a la topografía domesticada por las vías de comunicación y con la posibilidad de recorrer trayectos espaciales a velocidades considerables, provoca la ocupación masiva del territorio siempre que tenga la vía para acceder. Qué consecuencias ha tenido y tendrá esto en nuestro entorno?

Planeamiento de suelo urbanizable en la Región Metropolitana (Fuente: Plan Territorial Metropolitano de Barcelona)

La urbanización dispersa y sus consecuencias

La expansión urbana dispersa en la Región Metropolitana de Barcelona inicia su firme materialización en la década de los años sesenta y se acentúa de manera manifiesta en el período democrático de nuestro país.

Desde 1957 hasta 1972...

En efecto, el territorio urbanizado durante los años 1956-1957 era de 10.000 ha; mientras que durante el período 1957-1972 esta cifra pasó a ser aproximadamente de 20.000 ha. O sea, en quince años se ocupó tanto territorio como en toda la historia de la Región.

Los mapas siguientes fijan la imagen de los establecimientos urbanos en ambos períodos, es decir, desde la edad media hasta el año 1957 y el período que transcurre desde el año 1957 hasta el año 1972. (Fuente: Plan Territorial Metropolitano de Barcelona)

Los años sesenta en nuestro país significan la apertura al mundo, el crecimiento económico y la explosión turística, los grandes movimientos migratorios, los grandes polígonos de viviendas obreras, las segundas residencias y el seiscientos. Es una época de aproximación acelerada al mundo occidental.

...y el "boom" de la ocupación del territorio

Pero el verdadero estallido del crecimiento se produjo durante los quince años siguientes. Durante el período 1972-1986 se ocuparon 20.000 ha del territorio, lo cual representa multiplicar por dos el crecimiento de los quince años anteriores, y doblar, de nuevo, la superficie urbanizada en toda la historia. En el año 1986 se habían ocupado 40.000 ha de la región metropolitana. A pesar de que en los límites de la Area Metropolitana había una cierta contención del crecimiento a consecuencia de la aplicación del Plan general metropolitano (1976), la verdadera explosión, en este intervalo de tiempo, se produjo en la corona exterior a los límites marcados por los 27 municipios de la área de las afueras de Barcelona. En esta época, se generalizó la posesión familiar del automóvil, hasta llegar a convertirse en el artículo más igualador del consumo.

Evolución de la ocupación urbana del área metropolitana (1880-1992)
Fuente: Albert Serratosa, Els Espais oberts en el planejament metropolità: realitats i propostes

La lógica de los planeamientos urbanísticos: el territorio como negocio

En la Región metropolitana de Barcelona, en el año 1989, 143 municipios de los 162 que la integran disponían de alguna figura de planeamiento urbanístico destinada a regular el crecimiento y la edificación en cada término municipal. La lógica del planeamiento ha sido ambiciosa: busca, en cada caso, posicionamientos de competitividad y crecimiento sostenido donde la lógica económica, casi en exclusiva, ha imperado por encima del resto de lógicas que intervienen en el territorio. El espacio se integra como una componente esencial de consumo y en consecuencia de negocio, que desvincula el crecimiento de la superficie urbana del crecimiento de la población, tal y como había sucedido en las etapas anteriores.

 
 

mapa1992

Suelo urbano de la Región Metropolitana el año 1992 (Fuente: Pla Territorial Metropolità de Barcelona)
  La urbanización dispersa...

Ocupando las tierras llanas, las vías fértiles, las cuencas de los ríos, las áreas de urbanización dispersa se sitúan como si de un ajedrez se tratara: aquí una urbanización, allá unos bloques de viviendas colectivas a una cierta distancia del núcleo antiguo, más allá unas actividades industriales siguiendo los cursos de los ríos y las vías segregadas, a continuación un gran centro comercial con unas inmensas playas de aparcamiento de vehículos, etc. Esta es la visión que se puede percibir entrando a Barcelona a una distancia de 40 km. del centro en casi cualquier dirección.

...y sus consecuencias

Es evidente el desperdicio de suelo, no solamente por las bajas densidades en las urbanizaciones, menor en muchos casos que la de los pueblos antiguos, sino también por los inmensos espacios intersticiales (tierra de nadie) que los distintos usos dejan entre si; espacios que en muchas ocasiones presentan un estado de degradación manifiesta. Es un paisaje de suburbanización marginal, cubierto, en muchos casos, por materiales residuales y plantas ruderales. En conjunto, se proyectan una especie de insania y de espacios indeseados por la inmensa mayoría de la población.

El Cuarto Cinturón: un elemento que promueve la urbanización indiscriminada

El Plan Territorial de Catalunya: la madre del cordero

Vista la ocupación del suelo que se ha llevado a cabo en las últimas décadas y las previsiones del Plan territorial general de Catalunya de ocupar como sistemas urbanos todos los suelos con una pendiente inferior a un 20%, resulta prudente pensar que en los próximos años se ampliarán todavía más las presiones actuales sobre las áreas más dinámicas del territorio metropolitano para urbanizar suelos actualmente clasificados como no urbanizables.

En la geografía catalana, los suelos llanos no son especialmente abundantes, por lo que la incidencia de la ocupación urbana del suelo y el papel segregador de las infraestructuras del transporte son especialmente graves en la desestructuración y simplificación de los sistemas naturales.

Así pues, mientras que las áreas más montañosas pueden preservarse mejor a causa de las dificultades de su urbanización, los corredores fluviales y los llanos, especialmente el Vallès y el Baix Llobregat, podrían resultar, en poco tiempo, una ciudad continua. Lo mismo puede suceder próximamente en el macizo de Collserola si el desarrollo del Centro Direccional Sant Cugat-Cerdanyola es el previsible.

¿Del Vallès, quedará algo?

En el Vallès, el planeamiento vigente, con la red viaria que incorpora los cinturones interpolares que cuadriculan y homogenizan la accesibilidad a un territorio hasta ahora caracterizado por un funcionamiento ramificado mediante los ejes bajos del sistema fluvial del Besós, provocará la ocupación del resto de la planicie todavía no urbanizada. El Cuarto Cinturón de Barcelona, la carretera interpolar que parte de Mollet y el resto de la cuadriculación prevista, es la garantía que en un tiempo récord se llene de asentamientos urbanos el resto de la planicie del Vallès sin ocupar.

Esta ansia urbanizadora constata una falta de sensibilidad y un desconocimiento preocupante del funcionamiento de los sistemas de la tierra, tanto a escala local como global. El conocimiento de los sistemas naturales es una condición sine qua non para desplegar una planificación territorial sensible a los aspectos ecológicos del desarrollo.

Los espacios naturales no son ni "jardines" ni "zoológicos"

Los sistemas naturales y agrícolas son un reservorio de recursos naturales porque tienen un enorme potencial como zonas de abastecimiento de alimentos, de agua, de aire limpio, de madera, de materiales geológicos y vegetales, de suelo,...Cuidando los sistemas naturales que nos abastecen es como estamos asegurando nuestro presente y nuestro futuro. Son, junto a la ciudad compacta, nuestro capital fijo más importante.

Cuando se crean reservas o se aíslan áreas naturales, por ejemplo, con la ejecución de un plan de carreteras como el actual, se pierden especies. La subsistencia de las zonas protegidas depende de la de zonas más extensas que actúan como una banda de tránsito. Todo ello nos hace reflexionar sobre la oportunidad de ejecutar el Plan de carreteras, y en concreto el Cuarto Cinturón, porque las zonas por donde pasa tienen hoy un papel fundamental de interrelación de espacios naturales, y actúan subsanando y reduciendo los impactos potenciales sobre las reservas naturales existentes.

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